Buenos días a tod@s:
Ayer nos levantamos con la hora cambiada en nuestros relojes y por lo tanto durmiendo una hora menos, pero ansiosos con esas ganas de ir de caza.
Mi jornada empezaba levantándome a las 7 de la mañana ya que a las ocho menos cuarto empezaba mi andadura para ir de caza menor, la helada que había caído hacía que fuera bien abrigado, abrigo que más adelante sobraría.
Tomábamos un café tranquilamente para calentarnos pero los perros parecía que nos metían prisa para cazar, pero un café caliente no se lo salta nadie. Cogemos los coches y emprendemos nuestra marcha hacia el lugar que queremos cazar, el campo parece que tiene frío y sobre el se extiende una sabana fría blanca.
Llegamos al lugar y los perros tienen más ansia que nosotros por salir del carro y empezar a cazar, las ganas nos pueden a todos, la verdad para que lo vamos a negar. La mañana empieza demasiado fría y no solo por el que recorre nuestros cuerpos y manos, las cuales apenas te dejan sujetar bien la escopeta, sino por que los conejos parecen estar demasiado alerta aún a pesar de ser principios de temporada.
Empieza a pasar el tiempo y el sol asoma con gran presencia, esto hace que poco a poco la caza empiece a salir y disfrutar de esos rayos que nos brinda Lorenzo a todos. Los perros se detienen en un zarzón, está ahí, pero parece que se resiste a salir aunque los perros le ponen empeño y hacen su labor y sale, el cual abato en el segundo tiro. Estábamos fríos todavía.
Seguimos nuestra marcha y decidimos dar unas piedras en las que sabemos que la zorra acecha, según nos dirigimos oímos como se empieza a escurrir antes de llegar, y lo lejos vemos que salen dos a las cuales solo pudimos pegar un tiro y sin acierto por la lejanía, pero no nos quita el sueño al próximo día lo haremos mejor no me cabe duda.
Parece que con el calor de la mañana la caza se encuentra mucho más cómoda y los perros parecen cada vez más cansados pero con las mismas ganas que a primera hora de la mañana. Llevando a los animales por sitios donde todavía queda algo de agua y dándoles tiempo a que se recuperen y mojen un poco proseguimos nuestra marcha y con los perros tan a punto, que nos siguen dando momentos de disfrute los cuales siempre se agradecen.
Ya son la una y media de la tarde y respetando las normas, con el cupo hecho, decidimos emprender camino al coche mientras comentamos los lances fallados y los acertados. Al final terminamos la jornada con 10 conejos, la cosa no se ha dado mal aun que creíamos que se iba a dar peor.
Siempre hay reflexiones pero siempre se de mal o se de bien, lo importante es pasar el día con los compañeros y pasarlo en grande.
Un saludo a tod@s y seguiré escribiendo crónicas sobre mis jornadas de caza. Espero las vuestras compañeros.
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